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Puedo dejar los sueños para otra noche
si tu me llamas,
y tumbar el cielo por si se descuelga algún ángel
de las cuerdas de tu guitarra.
Hay lugares preparados para este evento.
Por ejemplo agosto,
cuando huele a uva y el calor contiene en su arco
tus canciones,
o enero vuelto de lado,
todo frío y azul tus ojos,
o aquella montaña que vertió tus piernas
oxidando una letra de tu nombre.
Puedo aparcar los sueños, no hay prisa,
sólo tienes que llamarme y te confeccionaré
el lugar en el que destrozaremos juntos lápices y papeles,
y cuando suene tu música,
inventaremos el tobogán que nos deje caer
sobre los charcos.
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